jueves, 20 de noviembre de 2008

6. Los primeros pobladores

6.1 De la edad de piedra a la vida sedentaria
Se han planteado diferentes hipótesis respecto del origen de los primeros hombres que llegaron al Continente Americano. La afinidad de rasgos físicos de éstos con los del Asia, las llamadas características mongoloides, el tipo de cultura y la cercanía relativa a través del estrecho de Beringh, hacen pensar que esa fue la ruta de acceso más probable.

Existen pruebas de la presencia del ser humano en América del Norte, que se remontan a cerca de 30,000 años a. C., y se supone que el ingreso al continente pudo haber ocurrido hace unos 40,000 años.

Para el caso de México, hasta antes de 1966, no se disponía de suficientes evidencias. Una veintena de años atrás, se encontraron los restos del “hombre de Tepexpan”, que en realidad resultaron ser de una mujer, de unos 30 años y de complexión baja, pero no tenía más de 11,000 años de antigüedad (9,000 a.C.).

En ese año, cuando se estaba construyendo la autopista México-Puebla, la presencia casual en la zona de un grupo de arqueólogos permitió realizar el descubrimiento más importante para el fechamiento de la presencia del ser humano no solo en esta parte de México, sino, en su momento, en todo el territorio nacional.

Quedaron al descubierto huesos de la fauna pleistocénica y evidencias de tierra enrojecida por el fuego, se localizaron dos hogares y restos de carbón, los cuales fueron fechados en el 22,000 a.C. ±2000 años. Había artefactos de piedra, y algunos implementos de obsidiana y basalto, materiales que no se encuentran en la región. Ello permitió establecer que se trataba de una estación de cazadores, en lo que entonces pudo haber sido una península o una isla del desaparecido Lago de Chalco. Su patrón de vida, la base de subsistencia, era la cacería de especies menores y la recolección, en grupos reducidos.

En la Cuenca del Valle de México es tan antigua la presencia del ser humano, que se remonta a la edad lítica, desde donde se dio la evolución a estadios superiores. De la fecha probable en que deambulaban los cazadores de Tlapacoya, tuvieron que pasar miles de años para lograr avances apreciables.

Entre el 14,000 y 7,000 a.C. aparecen las puntas de proyectil, en forma de hoya y acanaladas, llamadas clovis, mismas que se encuentran difundidas en el Norte de América. La técnica de piedra contra piedra es mejorada por el uso de un percutor de material más blando. Existe una mejora en la talla que trae como consecuencia una serie muy grande instrumentos, hay más navajas. Se desarrolla la cordelería y la cestería. Se identifican instrumentos de molienda, como muelas y morteros.

Del 7,000 al 4,500 a.C. comienza del desarrollo de la agricultura. El proceso fue muy prolongado, de milenios. Se inició como una transición de la recolección al cultivo, en una primera etapa, de simple cuidado de ciertas plantas, quitándoles competidoras, protegiéndolas de las plagas.

Algunos estiman que el proceso se inició a finales del octavo milenio antes de nuestra era, prolongándose hasta el 1,500 a.C. Hacia 3,400 a.C. comenzó a intensificarse el proceso de cultivo de plantas y domesticación de animales, lo cual tendría como efecto la aparición de las primeras aldeas agrícolas hacia esos tiempos.

A finales de los años cincuenta, con financiamiento de la fundación norteamericana Peabody Foundation for Archaeology, en el Valle de Tehuacán, Pue., donde las condiciones del subsuelo favorecen la preservación de los restos orgánicos se realizó el primer estudio acerca de la secuencia que llevó al ser humano al aprovechamiento de una diversidad de especies vegetales. Se pudo determinar la forma como el hombre, llegó a la domesticación de plantas silvestres, hasta llegar a las actuales variedades. Los suelos húmedos de la Cuenca del Valle de México no permiten hacer una reconstrucción de ese tipo, pero algo semejante pudo haber ocurrido en esta región.

De acuerdo con dicha investigación, entre el 7,200 y el 5,700 a.C. aparecieron las formas actuales del aguacate, la calabaza, el amaranto y el chile. Durante el período 5,700 y 4,300 a.C., se cuenta ya con el maíz. Los estudios de coprolitos indican una dieta que combina esta gramínea con la tuna, el zapote negro y el blanco.

Así, en esta parte del mundo, como ocurrió en otras regiones del planeta, se dio una versión de lo que se conoce como la Revolución Neolítica, concepto que engloba el conjunto de cambios que propició el descubrimiento y desarrollo de la agricultura.

Entre otros, destaca el aumento del instrumental, para las labores de cultivo, así como para el manejo y conservación de frutos y semillas. La agricultura, implica la necesidad del asentamiento fijo, aunque sea unos meses al año, para cuidar el plantío y también para defenderlo de otros seres humanos. Se vislumbra así el sentido de la propiedad.

Entre el 4,500 y el 3,500 a.C., el hombre llega a ser un agricultor sedentario. Para 4,300 y 3,000 a.C. tenemos las primeras aldeas de población semipermanente, gracias al uso del maíz, firmemente establecido, así como del algodón y dos tipos de frijoles.

Para el segundo milenio antes de nuestra era, el ser humano vive en aldeas, hace cerámicas, teje telas, cestas, labra la piedra. Ha creado una organización tribal y una magia que aún no es una religión

Entre los varios sitios explorados, cubierto ya por la mancha urbana de la Ciudad de México, se encuentra Tlatilco. Sus vestigios se localizan en el Municipio de Naucalpan, en el Estado de México, en lo que fueron las riberas del antiguo Lago de Texcoco. En el 1,700 a.C., se asentó un pueblo de nómadas migrantes, a quien hasta la época actual se le identifica como los tlatilca.

Cazadores y recolectores de origen, sobrevivían buscando agua, frutos silvestres y algún cuadrúpedo que encontraban a su paso. En la parte firme de lo que era una zona boscosa, con un clima diferente al actual, y los recursos que se derivaban de la rica flora y fauna existente, terminaron por volverse sedentarios.

A lo largo de los mil años posteriores, la gente de Tlatilco desarrolló la agricultura, la cerámica, una organización social y el pensamiento mágico, mediante el cual se rendía culto a diversas fuerzas naturales esenciales para la vida.

6.2 El primer centro urbano y ceremonial: Cuicuilco
La Fase I de Cuicuilco, la primera de su ciclo de vida, comienza a partir de 600 a.C. El máximo desarrollo se alcanzó en la V, la última, que transcurrió de 100 a.C. a 200 d.C.

El rescate del sitio se inició en 1923, con Don Manuel Gamio, quien, ese mismo año recibió la ayuda de Byron Cummings, de la Universidad de Arizona. En 1939 otro arqueólogo mexicano hizo otra excavación. En 1957 se llevó a cabo un proyecto financiado por la Universidad de California y en 1966-67, se aprovechó la construcción de la Villa Olímpica para realizar nuevas exploraciones.

El rescate arqueológico ha sido difícil, debido a la capa de lava que cubre el antiguo asentamiento, cuyo espesor es de 8 a 10 mts, además de las modernas construcciones residenciales y de servicios que ocupan una buena parte.
Se trata de un centro ceremonial no planificado, en el cual el aumento de la población se tradujo en una mayor productividad. Aunado a los adelantos tecnológicos, se generaron excedentes que permitieron el comercio, lo que explica el descubrimiento de conchas que provienen de las costas del Pacífico y del Golfo de México, de algodón de Morelos, y de jade y serpentina del sudoeste de México.

Su configuración señala los inicios del urbanismo en la Cuenca del Valle de México. Se ha determinado que una parte de la población no desempeñaba actividades agrícolas, y que vivía en las inmediaciones del Centro Ceremonial. Entre otros grupos, se menciona a los artesanos, los comerciantes, los soldados y la capa dirigente. Esta última, se supone, asumió el control de la sociedad con base al conocimiento que tenía de los movimientos celestes, lo cual le permitía saber cuando era la época, digamos, de la siembra, las lluvias o la cosecha.

Se dice que en Cuicuilco se da ya el tránsito del pensamiento mágico al religioso. Este se observa en la aparición del culto más antiguo en el centro de México, que se rinde a una de las fuerzas básicas de la naturaleza. Será objeto de veneración bajo la figura del viejo dios del fuego, llamado desde entonces Huehueteotl.

Aunque en el abrupto fin de su ciclo vital no alcanza la característica de un centro urbano planificado, estaba en vías de convertirse en ello. En las exploraciones que se han llevado a cabo, se detectaron 2 ejes, que irían propiciando el ordenamiento de la distribución de usos de suelo. Uno de estos ejes, tiene un kilómetro de longitud, va del Centro Ceremonial al sitio donde se asentaba hasta hace unos años la Fábrica de Loreto y Peña Pobre. Asimismo, se ha identificado otro de cinco kilómetros, que iría del Bosque del Pedregal al Cerro de Zacatépetl, en cuyas cercanías se han identificado antiguos canales de riego.

La mal llamada pirámide de Cuicuilco es el principio de la arquitectura monumental en la Cuenca del Valle de México. Se trata de cuerpos circulares superpuestos, el inferior tiene un diámetro de 123 m. En conjunto, su altura alcanza los 20 m. Su interior es de barro comprimido, y el exterior está recubierto de piedra. Está emplazado de oriente a poniente, suponiéndose que es para seguir el curso del sol. Esta es la misma orientación que se observa en el Templo del Sol en Teotihuacan, en el Edificio Principal de Tula, y los Templos Mayores de México-Tenochtitlán y de Tlaltelolco. En la parte superior existieron dos altares, pintados de rojo. Cuenta con una rampa de ascenso por el lado poniente y una escalinata por el oriente, que se cree la utilizaban los altos dignatarios.

Al final del preclásico, alrededor del año 200 d.C., entró en actividad el Ajusco, lo que provocó movimientos telúricos y lluvias de ceniza volcánica. Estos elementos precedieron a la explosión de uno de sus conos subsidiarios: el Xitle. La lava arrojada se extendió en 80 kms2. Sepultó a Cuicuilco casi en su totalidad, así como las posibilidades de haberse convertido en la primera gran ciudad de la Cuenca del Valle de México. En el inhóspito páramo, solo resaltaba una parte del Centro Ceremonial.

Puede uno imaginarse la conmoción que este acontecimiento provocó en los pueblos circunvecinos, y aquellos relacionados con Cuicuilco, sea mediante los lazos comerciales o, por decirlo de alguna manera, religiosos, pues muchas personas acudían ahí cual si fuera una especie de santuario.

Parte de este sentimiento llega hasta la actualidad. Sin incurrir en fatalismo, nos advierte de la amenaza permanente que se desprende de residir, y haber concentrado tantos recursos valiosos, en una zona de alta sismicidad, pues nadie puede garantizar que, en algún momento, deje de repetirse el funesto episodio acontecido hace dos milenios.